4 abril, 2011 talipo

Nos levantamos pronto. El olor a pan caliente, que viene del comedor de San Hipólito,  nos incita a meternos en la ducha y bajar presurosos.

Tenemos todo el día por delante y pensamos en una excursión un poco más larga, que nos lleve a las faldas de la montaña palentina.

Nuestra primera parada es en Saldaña, es sábado y hay mercadillo.  Qué buen ambiente…, y qué ricos productos de las huertas cercanas.  De esto no hay en la ciudad. Nos llevamos algunas legumbres y unos tomates.

Seguimos las indicaciones hasta la Plaza Vieja y contemplamos los soportales sobre vetustos pilares de madera.

Las fachadas de ladrillo y los balcones floridos. Las columnas de piedra y algún blasón adornando una fachada.

Aunque sus orígenes se remontan a la Edad Media,  el aspecto actual se lo debe a los siglos XVI y XVII.

Se dice, incluso, que aquí se celebró la primera corrida de toros, con motivo de la boda de D. Alfonso VII y Doña Berenguela.

A su alrededor el caserío se agolpa con construcciones de ladrillo y entramados de madera.


En edificaciones más sencillas, o en nobles palacios.

Cómo el de los marqueses de la Valdavia, de imponente escudo. Buscamos la zarpa del oso en el alero.

Seguimos paseando por sus calles,  algunas terrazas empiezan a llenarse y la gente se toma sus verdejos al sol.

Entramos en San Miguel y nos gusta el frescor que nos acompaña. Buen retablo y excelentes tallas, cómo ocurre en toda la zona.

Pero la vista se nos va hacia un estupendo sepulcro triple, en marmol. Leo que pueden ser los Condes de Saldaña…

Dejamos la Iglesia de San Pedro para cuando vengamos a ver la villa romana de La Olmeda, ya que se ha acondicionado cómo museo arqueológico y en ella se exhiben muchas piezas rescatadas en el yacimiento.

Abandonamos Saldaña y  continuamos hacia la montaña.

Hacia la mole de granito que se levanta, repentinamente.

Atravesamos Velilla del Río Carrión y nos internamos tras el primer pliegue orográfico.

Y nos sorprende la gran masa de agua, que nos acompaña.  Los embalses enlazan unos con otros recogiendo las aguas del deshielo y de la fuentes de la montaña palentina.

Compuerto apresa sus aguas en Otero de Guardo desde 1960.

Camporredondo, un poco más arriba, fué inaugurado por  Alfonso XIII en 1930 .

Ambos se nutren del Río Carrión. Y adornan bonitos pueblos cómo Camporredondo de Alba, Cardaño de Abajo, Alba de los Cardaños…

El paisaje nos atrapa. Dejamos posar la vista en las altas cumbres, en la azules aguas. En los frondosos bosques de hayas, robles y pinos.

Tenemos hambre y decidimos parar en Santibañez de Resoba. A la sombra de su iglesia sacamos los bocatas que nos ha preparado Marta, en San Hipólito.

Arquitectura sencilla pero potente, cómo la naturaleza que nos rodea.

Paseamos por allí, internándonos en la montaña por un sendero. Respiramos aire limpio, dsifrutamos del silencio, del campo en estado puro.

Un poco más adelante se encuentra el pantano de Ruesga, al que volveremos para pasear por su Valle Tranquilo.

Y retornamos a Támara de Campos, por Cervera de Pisuerga, Moarves y Fromista.

Cansados pero satisfechos de los lugares descubiertos.

Y sobre la montaña palentina sabemos todavía mas por aquí.

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