29 abril, 2011 talipo


Este año no me pierdo las fiestas de la Virgen de Rombrada, en Támara de Campos.

La imagen, nos cuentan, se encontró en los campos que rodean al pueblo y fue objeto de pugna entre Támara, Amusco y la cercana Piña de Campos. Estas villas aseguraban que el terreno en el que se hizo el hallazgo estaba dentro de su término territorial. Tras las oportunas comprobaciones, se dio al pueblo tamarón la propiedad de la Virgen. Y en el mismo lugar se levantó la ermita que la acoge.

El pasado lunes, 25 de abril, tuvo lugar la procesión de San Marcos que conduce a la Virgen, desde la ermita, que lleva su nombre, a la imponente Iglesia de San Hipólito El Real. Todo el pueblo y muchos visitantes estuvimos allí.

Empezamos con un almuerzo en el entorno de la ermita, cada casa, cada familia, lleva viandas que comparte con los amigos y conocidos, en grandes manteles sobre el suelo. A los que nos alojamos en el Hotel Rural San Hipólito, Paz y su equipo nos invitan a sumarnos.

Hay pan y quesillo, como es tradición en la provincia palentina, para todo el mundo.

Las charlas, las risas y los cánticos se suceden.

Tras el consabido responso de D. José Luis, cuatro fornidos hombres sacan a la Virgen, y se encaminan al pueblo. Se turnan, casi pelean, por portar el trono. Se palpa la devoción.

La primavera está exultante, los campos de cereal verdean y una brisa fresca nos acompaña durante todo el camino.

La Virgen de Rombrada es una talla de bellísima factura gótica, vestida con prendas del barroco. El Niño se sienta sobre una de sus rodillas, de forma casual. Ambos sonríen con ese gesto tan típico del ocaso de la Edad Media. Naturalismo y expresividad frente al románico, más huraño.

A su llegada al pueblo  San Hipólito sale a recibirla, a la puerta de la Catedral de Campos.

El proximo domingo, Primero de Mayo, la Virgen, acompañada del Santo, recorrerá el pueblo. Los danzantes hacen acto de presencia y bailan durante el paseo.

El martes, 3 de mayo, la Virgen volverá a casa. También en procesión, de nuevo escoltada por los danzantes, con sus curiosos y coloristas trajes y dirigidos por El Chiborra, al que encarna Lalín desde hace algunas décadas.

Entre ellos reconoceremos a Javi, del Hotel, que lleva más de 20 años bailándola. Nos cuentan en el pueblo que, a estas alturas, es el más veterano.

Y volveremos al campo, a acompañarla. Sorprendidos, como cada año, por la fuerza del baile, en esos caminos duros, castellanos, y por la osadía de los danzantes, incansables, durante los cinco kilómetros que separan a la de Rombrada de su destino.

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